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El precio de ser «la milla de oro» de la Sierra

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Hace casi diez años decidí establecer mi hogar en Collado Mediano. Por aquel entonces nuestro municipio se distinguía en la Sierra de Guadarrama por ser una de las opciones más amables y, sobre todo, económicas, para quienes queríamos calidad de vida sin hipotecar el futuro. Collado Mediano era ese secreto a voces donde la clase media podía echar raíces. Curiosamente, en aquellos días, al comenzar a vivir Collado la frase que más se escuchaba por nuestras calles era un lamento de resignación: «Collado Mediano está muerto», no hay cultura, no hay comercios, no hay apenas bares, turismo… no hay vida comparado con los pueblos que nos rodean. Quizás era ese letargo vital el que mantenía los precios a raya, permitiendo que el pueblo fuera «La estancia tranquila» que quisieron posicionar y que nos mantenía en un frágil estado de supervivencia.

Las cifras cuentan hoy una historia de crecimiento vertiginoso que explica nuestro presente. Si echamos la vista atrás, el cambio es asombroso: en el año 2000, Collado Mediano apenas superaba los 4.500 habitantes. Durante dos décadas, el crecimiento fue constante pero manejable, situándonos en torno a los 6.500 vecinos hacia 2010. Pero el verdadero estallido se ha producido en este último lustro. Lo que empezó como una búsqueda de aire puro tras el confinamiento del terrible COVID, se ha transformado, en este 2026, en una tormenta perfecta de gentrificación y exclusión. Una auténtica carrera demográfica: hoy, en 2026, rozamos ya los 7.800 habitantes (Según datos del INE 2025). Cifra que, por otro lado, no responde con la realidad pues el número de habitantes duplica el de empadronados. (Otro gran problema, aunque esto lo dejamos para otro día)

Este aumento de casi el 20% de la población (% basado en las cifras oficiales que, como decía, en la realidad es mucho mayor) en tiempo récord, es la gasolina que alimenta nuestra crisis habitacional. Collado Mediano está «muy vivo», pero es una vitalidad que nos está saliendo cara. Nos han colgado la etiqueta de la «nueva milla de oro» de la Sierra, un título que resulta una ironía cruel.

Basta un paseo por el centro para entender la cara B de este despertar. He sido testigo de cómo escaparates de tiendas de toda la vida han echado el cierre para nunca volver a abrir como comercios. La falta de vivienda y unos precios que han subido un 21,8% solo en el último año han empujado a muchos a reconvertir locales en viviendas de planta baja, e incluso a habitar bajos comerciales a escondidas ante la imposibilidad de pagar rentas que ya rozan los 10 euros por metro cuadrado.

Mientras urbanizaciones como Reajo del Roble se consolidan como enclaves de lujo y privacidad, atrayendo a personajes mediáticos, el resto del municipio se ha convertido en un escaparate premium donde la naturaleza y el aire puro se cotizan como activos de inversión, no como derecho a la vivienda.

Según los últimos informes de Idealista, el precio del metro cuadrado en nuestro municipio ha alcanzado un máximo histórico de 2.299 €/m en febrero de 2026. Esta cifra supone una revalorización anual del 21,8%, un crecimiento mucho más acelerado que el de zonas consolidadas como el Barrio de Salamanca en la capital. Si hablamos de alquiler, en los portales inmobiliarios, el precio medio se sitúa ya en los 9,69 €/m al mes, con alquileres medios de 1000€ al mes. Lo más alarmante no es solo el precio, sino que a pesar de ellos, la oferta se vende y se alquila rápido haciendo desaparecer el stock. Lo que supone un auténtico despropósito para familias, jóvenes, jubilados y cualquier persona con rentas medias que quieren seguir viviendo en nuestro municipio. ¿Qué ocurre con quien ya tiene un alquiler que tiene que renovar y no pueda encontrar nuevas opciones que puedan pagar? ¿Qué ocurre con esos caseros y caseras que presionan a sus inquilinos para subir el alquiler porque saben que pueden obtener más rendimiento de sus pasivos inmobiliarios? ¿Qué ocurre con las familias que quieren echar raíces, comprar una vivienda y ver que todo se encuentra por encima de sus posibilidades?

Aunque el problema de la vivienda es común a casi todo el país, como sociedad local debemos reflexionar sobre este cambio de paradigma, qué implicaciones tiene y cómo nos puede afectar en el futuro . La vivienda no puede ser un objeto de especulación mientras el corazón de nuestro pueblo se desdibuja entre locales reconvertidos y alquileres inalcanzables. Es responsabilidad de todos, de los propietarios, inquilinos, vendedores y compradores, no permitamos que la «milla de oro» sea el lugar donde el lujo termine por enterrar, definitivamente, el alma de nuestra pueblo o lo transforme en un lugar inaccesible para los jóvenes, las familias o rentas medias o bajas que quieren seguir viviendo y disfrutando de Collado Mediano.




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